LOURDES TARRATS

ESCAMAS Y SEDA



Desde la sombra de la roca fría,

yo sigo el rastro de tu luz mansa.

Observo el ritual de tu alegría:

cómo amas la vida, cómo tu pie danza.

 

Cruzas el prado con paso ligero,

cuidando la hormiga y la flor silvestre,

dibujando en el pasto un sendero

que no daña nada de este suelo terrestre.

 

Te he visto contar estrellas con calma,

con esa inocencia que al cielo desarma,

mirando a la luna —reflejo de tu alma—

buscando en los astros más esperanza.

 

Pero hoy, mi princesa, el aire ha cambiado,

tus ojos son pozos de un gris dolorido.

¿Qué pena en tu pecho se ha resguardado?

¿Por quién es el llanto? Dime, ¿quién te ha herido?

 

Te veo sentada, pequeña, en la orilla,

mientras el agua me cuenta tu historia.

No llores más, que tu angustia me humilla,

déjame entrar en tu triste memoria.

 

Me arrimo despacio, sin un movimiento

que pueda asustar tu cristalina calma.

Soy solo escamas, pero siento el viento

que roza tu pelo y azota tu alma.

 

Busco tus ojos, me hundo en tu mirada,

quiero entender tu desolación.

En tu pupila, nublada y cansada,

leo el secreto de tu aflicción.

 

Aquí estoy, a tu lado, en silencio profundo,

un humilde guardián que tu pena vigila.

Aunque soy un reptil, para mí eres el mundo,

y no hay más tesoro que verte tranquila.

 

Extiende tu mano, sin miedo ni prisa,

acaricia hoy mi escamada cabeza.

Pon tu rostro en el mío, que el alma se alisa

y encuentra el descanso tras tanta tristeza.

L.T.