Maira Daniela

La otra orilla.

 

Aún tengo sal en los huesos,

reconozco el peso del agua

cuando tú me miras demasiado tiempo.

 

Estuve en el fondo una eternidad.

Me rendí.

Pero me encontraste.

 

Volví con las manos vacías

y un nombre que no era el mío.

 

Y supe,

no como se sabe algo nuevo

sino como se recuerda algo

que nunca debió olvidarse.

 

Extendiste tu mano en mi naufragio

como quien lo ha hecho antes,

como quien sabe

aunque no sepa por qué lo sabe.

 

Ahora respiro.

Aunque recuerdo el fondo,

me atreveré a cruzarlo.

No por gratitud,

sino por deseo.

 

Aprendí el coraje

en el ritmo de tu voz.

Te seguiré

si no me sueltas

hasta la otra orilla —

hacia lo que aún no he nombrado en esta vida.