Se arrojan a lo lejos del norte,
ven a una niña llorar;
se dice que la vida llora
para arrojar a dos gotas más en el océano.
«Mírenme brillar», decían las estrellas.
«Mírenme callar», decía el viento.
«Mírenme elogiar», decía la belleza.
«Mírenme adentrar», decía la muerte.
¿A dónde irás en un pequeño rayuelo?
Esas dos gotas caen desesperadas,
como si la vida les debiera algo;
son dos gotas más en un lucero.
Pues amparad a los inocentes.
¿Qué son esas lágrimas?
Pues se secan y dejan de brotar
para olvidar lo niños que éramos.
Mirad a la esquina del viento,
el infortunio tiempo que nos da vida;
como dos gotas que reclaman vivir para morir,
que se funden en un lejano sueño.
Dejad que se ahoguen,
pues desnudas están ante ti;
deja que no olviden que han vivido,
pues son dos gotas más en un vasto océano.
Ford George.