¿Quién dijo que la nostalgia
es un fervor
decaído?
Ayer.
Fue ayer, mismo,
tres de la tarde, aprox.
Ayer, ya pasó,
el autobús desaparece
al fondo de la carretera,
punto de fuga deviniendo
en nada, punto y final
a un amor efímero, fugaz.
Ayer, nunca más,
ese tocarte la mano,
ese calor que desprendiste,
esa mirada que fabricaste,
nada quedó por escrito,
ningún notario firmó actas,
y todo el amor, todo el vino
y las rosas se perdieron
desagüe abajo, hasta el mar.
Ayer, tres de la tarde, el olvido
nace, crece, se reproduce,
y no muere, y antes, masticamos
la despedida en un bar cercano
a la estación, y lo que más punzó
mi fibra fue tu no mirar atrás,
tu no, quizá, atreverte a urgar más
la llaga que el desgarro diseñaba,
tu desaparecer de mis ojos eterno.
Ayer, y una memoria debilitándose
ya, hasta convertirse en una nada,
un no vivir atendiendo al dicho
de quienes dicen que no se vive
si no se recuerda lo vivido, y yo,
si te olvido algún día, sí te viví,
sí te grabaste vivida en mi disco,
sí fuiste por dos días pasaje perenne
de mi biografía, sí...