Luis Rayo

CERA DE FUEGO

¡Oh, espíritus de jóvenes marineros!

Atadme como antaño hicisteis con Ulises.

Que la cera de fuego selle mis oídos;

amarrad también vuestra soberbia al mástil.

 

Una tormenta amanece, negra y ciega,

en el mar de las pasiones,

mientras las sirenas cantan, embelesando.

¡Cuántos encantos nos acechan con su dulzura!

A lo lejos, ¡tierra! Salvemos nuestras almas.

 

«¡Resistid!», es el grito desesperado del Creador.

Un sol apaga a la luna, cómplice de la sinrazón.

Enderezad el timón que intenta gobernarse solo;

mantened el temple ante el canto de las nereidas.

 

Dejad que pase, ajenos al encanto;

marineros, soltad todo el orgullo:

pisad y bendecid suelo de Ítaca.