El primer abrazo lleno de amor que sentimos fue de nuestra madre. Fue ese refugio inicial donde el mundo se sentía seguro y cálido, una impronta de afecto que nos acompaña desde el primer suspiro.
Quien se desveló con nosotros por una fiebre fue ella. En el silencio de la noche, su presencia vigilante y su mano en nuestra frente fueron el bálsamo que calmó nuestro malestar y alejó nuestros temores.
La persona que se preocupó por nuestro bienestar fue mi madre. Su entrega no conoció límites, siempre anteponiendo nuestras necesidades y sueños a los suyos, guiándonos con una sabiduría silenciosa y constante.
Con su amor, cuidado, ternura, y aun sus regaños nos convierte en una extensión de ella. Sus enseñanzas y su disciplina, aunque a veces difíciles de comprender en el momento, han moldeado nuestro carácter y nos han preparado para enfrentar los desafíos de la vida con integridad.
Ella siempre vivirá por medio de nosotros, ella siempre vivirá en nuestros recuerdos. Su esencia permanece grabada en nuestras acciones, en nuestras palabras y en la forma en que amamos a los demás; es un legado vivo que trasciende el tiempo.
Quiero decirte feliz día de la madre. Eres madre 365 días del año, en cada gesto de bondad y en cada sacrificio cotidiano. Tu labor es incansable y tu impacto es eterno. Nunca cambies y recuerda que tus retoños siguen tus pasos, por lo tanto camina despacio con propósito, sabiendo que eres la brújula que guía sus corazones hacia un futuro lleno de luz.