¿Podrías quererme mientras averiguo cómo hacerlo yo misma?
¿Podrías enseñarme qué es lo que ves, que yo no veo?
¿Qué es lo que sientes, que yo no siento?
Porque tengo el hábito de abrazarme
con la misma gentileza que un huracán.
Y mi lengua es polilla que come
kilómetros y kilómetros de tela,
que es mi piel.
Me devoró con la misma crueldad
con la que siento que tú devoras la verdad
cuando te pregunto si hay algo en mí
que pudieras llegar a amar.
Y mis polillas solo saben hablar
cuando alguien pone vela.
Cada cosa que me da inseguridad,
te lo diría, pero no tienes todo el día.
No sé quererme como tú juras que lo haces.
Miento con mis dientes cerrados
y digo \"me amo\", porque es lo que hay que decir.
Pero debo confesar que no hay nadie más a quién culpar...
que al final del día, la voz que más me odia es la mía.