Me gustas los lunes,
cuando el tiempo no me alcanza,
y el sueño se me queda colgado en los ojos.
Me gustás incluso en el gris de los días comunes.
Me gustas los martes,
cuando llego despeinado por el viento,
cuando tu mano encuentra la mía
y todo encaja en silencio.
Me gusta la forma en que estás, sin buscarlo.
Me gustas los miércoles,
cuando estás en la escuela,
y mi mente vuelve a vos una y otra vez,
sin permiso.
Me gustás incluso en la distancia,
como algo que siempre está.
Me gustas los jueves
cuando vuelvo a verte,
cuando todo se ordena apenas te miro.
Me gustás cerca mío,
incluso entre el ruido y el estrés.
Me gustas los viernes,
cuando el cansancio me cae encima
y te escribo en esas madrugadas que no terminan.
Me gustás antes de que el finde empiece,
como si el mundo se apagara
un segundo antes de vos.
Me gustas el sábado
cuando el mundo por fin afloja,
cuando hablamos de todo y de nada,
cuando las horas se pierden en tu mirada.
Me gustás cuando el día se vuelve nuestro.
Pero, sobre todo, me gustas el domingo,
cuando unimos nuestros cuerpos,
cuando unimos nuestras almas,
cuando se entrelazan nuestras manos,
nuestras bocas y las miradas,
como si todo lo demás dejara de existir.
Cuando, harto de la vida,
harto del mundo,
Las voces de ambos susurran suave al oído:
“Yo te amo\"