Hacía una hilera de
puntos al derecho
y otra al revés.
La lana, ya había
sido utilizada
una vez.
O sea de virgen
no le
quedaba nada.
Ahora sí sus
manos eran
laboriosas, y
desprendían
un fuego sin igual,
cuando se ponía a
tejer.
Lo que en algún
momento había
sido una manta,
cobró nueva
vida, en un
abrigo para el
bebé, en el invierno
o un gorro con
pompón catalizador
de los duros
primeros fríos.
(rosi12)