Las arrugas en tu frente, madre mía,
son las huellas del camino recorrido;
son los rastros de la angustia y la agonía
por las perdidas acervas que has tenido
Esas ojeras en tu semblante adolorido,
son las marcas de las sombras de la vida;
son las cicatrices de las múltiples heridas
que le han robado a tu rostro el colorido
Esas manos cansadas, mi amado corazón añejo,
son los aparejos que construyeron el camino
que hoy recorremos a la luz de tus consejos
Ese ataúd que te conduce a tu final destino,
es el imponderable recorrido de los viejos,
es la barca que te lleva hacia el creador divino.
Llevas claveles blancos sobre tu cabellera,
llevas entre tus labios una rosa herida
Tu rostro lo dulcifica la miel de tus ojeras...
Adiós mamá... espérame en el cielo, madre mía.