Bajo el insomnio que quebró mis huesos, abrí mi ventana mientras temblaba de miedo, lleno de ansiedades y tristezas;
y desde hacía mucho tiempo, dentro de mi pequeña habitación, apenas llegó de fuera flotando una hermosa semilla.
Y de la semilla nació una ser y un sentimiento que cambiaría por completo el rumbo de mi energía;
y cuando el rumbo de mi energía parecía ser inestable, las raíces de la semilla se fortalecieron y crearon vida.
Aquella vida que yo fui conociendo, me hizo creer de nuevo en la felicidad y en el amor,
y del amor se creó una historia, y de la historia se curó un dolorido corazón.
Pero nuestros corazones se convirtieron en nuestra nueva semilla, y de nuestra nueva semilla nació un enorme manzano;
y del enorme manzano se crearon increíbles historias, algunas divertidas, aunque otras tristes, ya te he confesado.
Y de mis confesiones, apenas viene la más grande: que sin tu fuerza, nuestro manzano ya no existiría,
puesto que sus enormes raíces están hechas del amor que construí a tu lado todos estos días.
Y de tu lado yo no me quiero apartar, pues mi ventana ya se volvió a cerrar;
y dentro de mi pequeña habitación, tú allí siempre te encontrarás.
Y te encontrarás allí, regando con el agua de tus alegrías lo que mi alma sencillamente ha comprendido durante tu estadía,
puesto que aquel manzano fue creciendo dentro de mí, ofreciendo sus enormes frutos;
y de sus enormes frutos florecerán los recuerdos más especiales de mi corta existencia,
existencia que compartiría contigo hasta que llegue como un bebé en brazos nuestra muerte misma.