No sé en qué momento exacto
una mujer cansada
se convirtió en mi refugio favorito.
Tal vez fue en esas noches
donde el sueño te vencía,
pero aun así encontrabas fuerzas
para preguntar si yo estaba bien.
O quizá fue mucho antes…
cuando aprendiste a cargar el mundo
sin hacer ruido,
sonriendo incluso
cuando la vida te rompía por dentro.
Las madres tienen algo extraño:
parecen humanas,
pero aman como si el corazón
les hubiera sido hecho
de algo más fuerte que la carne.
Porque tú estuviste
en mis días más felices,
pero también en esos momentos
donde nadie veía mis lágrimas
y aun así tú las notabas.
Siempre tú.
La única capaz de descubrir tristeza
en un “estoy bien”.
La única que entiende silencios
que ni yo sé explicar.
Mamá,
a veces no entiendo
cómo hiciste tanto
con tan poco.
Cómo pudiste darme calma
cuando probablemente tú también
te estabas derrumbando.
Y aun así seguiste.
Seguiste levantándote temprano,
preocupándote por todos,
dejando tus problemas al costado
para cuidar los nuestros.
Eso también es amor.
El más puro.
El que no pide aplausos.
El que se entrega completo
aunque termine agotado.
Perdón por las veces
en que no valoré tus esfuerzos.
Por los días en que crecí tan rápido
que olvidé mirar tus cansancios.
Por creer que siempre ibas a poder con todo
sin detenerme a pensar
quién te cuidaba a ti.
Hoy entiendo muchas cosas.
Entiendo que una madre
no solo da vida,
también sostiene almas.
Y tú sostuviste la mía
más veces de las que imaginas.
Cuando tuve miedo,
fuiste abrazo.
Cuando dudé de mí,
fuiste voz.
Cuando quise rendirme,
fuiste motivo.
Hay personas que dejan huellas,
pero tú construiste caminos enteros
para que yo pudiera avanzar.
Y si algún día logro ser alguien bueno,
alguien noble,
alguien fuerte…
será porque crecí viendo
todo lo que hiciste por amor.
Ojalá pudiera devolverte
aunque sea una pequeña parte
de todo lo que me diste.
Las noches sin dormir.
Las preocupaciones escondidas.
Las lágrimas silenciosas.
Las veces que elegiste quedarte
cuando habría sido más fácil rendirse.
No existe regalo suficiente
para agradecer una vida entera
de amor incondicional.
Porque una madre como tú
no se mide en palabras,
se mide en cicatrices,
en sacrificios,
en abrazos que curan
aunque el mundo esté cayéndose.
Y si algún día la vida me obliga
a estar lejos,
quiero que recuerdes esto:
mi corazón siempre va a volver a ti.
Porque tú no eres solo mi mamá.
Eres mi hogar.
Mi paz.
Mi fuerza.
Mi ejemplo favorito de amor.
Y pase lo que pase,
por más que el tiempo avance,
siempre voy a necesitar
ese abrazo tuyo
que tiene la extraña capacidad
de hacer sentir que todo,
absolutamente todo,
va a estar bien.
Feliz Día de las Madres. ❤️