Amores para conservar

Poema IX/Luz de Adhara

 

 

Hay mujeres que llegan jóvenes a la maternidad

y, aun así, parecen traer en las manos

una sabiduría que no se aprende en los libros,

sino en los días difíciles,

en las noches largas

y en todo aquello que una madre sostiene

aunque nadie lo vea.

 

Tú eres una de esas mujeres.

Te miro como madre

y hay algo que inevitablemente admiro:

esa forma tuya de permanecer,

de convertir el cansancio en ternura,

la preocupación en juego,

y los días pesados

en una infancia donde Adhara todavía puede reír.

 

Ella tiene dos años

y ya parece querer ordenar el universo.

Ama los coches,

habla con los animales como si todos debieran responderle,

se enoja con esa fuerza pequeña

de quien apenas descubre el mundo,

y luego pide disculpas

con una dulzura que solo nace

cuando una niña ha sido amada bien.

 

Cuando dice que quiere ser doctora como su mami,

pienso que quizá ya está aprendiendo

la primera medicina de todas:

la de cuidar con el alma.

 

Porque antes de cualquier bata,

antes de cualquier hospital,

antes de cualquier sueño,

ella te tiene a ti.

 

Y eso, aunque a veces no lo notes,

es un mundo entero.

Has atravesado cosas

que quizá muchos no conocen,

y aun así has hecho lo más difícil:

no permitir que tus heridas

le apaguen la luz a tu hija.

 

Adhara no sabe todavía

todo lo que una madre calla,

todo lo que una madre posterga,

todo lo que una madre entrega

para que una hija pueda crecer feliz.

 

Pero algún día lo sabrá.

Algún día entenderá

que su mundo no fue bonito por casualidad,

sino porque hubo una mujer joven, valiente y amorosa

que decidió poner ternura

donde la vida a veces puso peso.

 

También entiendo que tú vienes

de una raíz inmensa.

De una madre que supo resistir,

quedarse, sostener

y darte una posibilidad distinta de mundo.

 

Quizá por eso amas como amas:

con sacrificio antiguo

y ternura nueva;

con esa mezcla rara

de mujer fuerte

y corazón de hogar.

 

Hoy, en este Día de la Madre,

solo puedo decir que esta fecha

se volvió más especial desde que te conocí.

Ya no son cuatro nombres

los que admiro en silencio.

Ahora son seis.

 

Tú eres el quinto,

por la madre que eres.

Y tu origen es el sexto,

por la mujer que ayudó a formar

a esta madre luminosa

que hoy sostiene a Adhara.

 

Porque hay madres que no solo crían:

fundan un destino.

Y tú,

aunque quizá no siempre lo veas,

eres una de esas mujeres

que hacen sentir

que el amor de una madre

todavía puede salvar un mundo.