La bestia, te lanza sus granadas, anticipa tus movimientos; la última vez, tomé su cabeza como trofeo, se me olvidó que tenía tres más, y a la vuelta de la esquina una tarde cualquiera sin previo aviso, dio el golpe; letal cual veneno, en el suelo saboreando la tierra, pensando que todo era un final, aún habían trozos de madera y piedra, me costaría meses, tal vez años en reconstruir todo de nuevo.
Cada día miro tras la ventana por si aparece la bestia, el corazón se agita y la mente se nubla, la claridad se borra y el miedo te ahoga, sin embargo, es ese mismo sentir el antídoto y arma. Ahora le espero con dos manos para dos cabezas.
Scarlett-Oru