Mi suerte está escapando,
como humo entre los dedos,
y yo sigo caminando
entre ruinas y recuerdos.
No buscan verme brillando
si su luz queda más lejos,
por eso avanzo callado,
sin promesas ni reflejos.
Por mí, que nadie me adore,
la devoción pesa demasiado;
prefiero un alma sincera
a mil rostros disfrazados.
Perdón, Dios,
por ser tan ineficiente en la práctica…
sé tantas cosas en silencio
pero me pierdo cuando el alma actúa.
Y aunque el destino se esconda
detrás de un cielo quebrado,
seguiré buscándome…
aunque llegue roto al hallazgo.