En mis hombros, el peso mordaz del sentido
en mis manos, la vacuidad de a quien saludo
en mis piernas, la obligación del camino
en mi vida... la espera dócil de la muerte.
De un lado a otro el hombrecillo mueve la cabeza
como desesperado por la persecusión
una botella lo alimenta y cuida
una tristeza hay en su corazón.