Ella guarda en su piel un secreto,
un grito ahogado que nunca quiso pronunciar,
manos que invadieron su espacio sagrado,
robándole la inocencia y la confianza.
El miedo se instaló como huésped oscuro,
susurros que rompen la calma interior,
pero en su alma, un fuego insiste,
una fuerza que desafía el dolor.
No es culpa suya el daño recibido,
ni sombra lo que quedó marcado,
es una guerrera que, paso a paso,
reclama su voz, reconstruye su mundo.
Porque aunque el abuso quiso quebrarla,
ella renace en cada palabra dicha,
en cada lágrima que se convierte en fuerza,
en la valentía de ser libre otra vez.