Carlos Leyva

Lista de compras

Los pasillos del supermercado

recorridos por luces blancas y ofensivas 

y un aroma de carnes y pescado

mezclándose en los artificios naturales

del papel de baño.

 

En el destartalado carrito apoyo ambas manos

y camino, lento, por el pasillo de los cereales;

en la reja tengo ya una bolsa de avena,

una botella de Malbec,

y un tarrito pequeño de crema

de cacahuate.

 

Entonces me detengo para mirar la lista

o más bien para recordar la lista de compras,

y me doy cuenta que aún no llevo 

los limones con los que siempre

acompañabas tu comida,

aún me faltan tus galletas,

el café del estudio.

 

Pero con lo que tengo

creo que ya es suficiente para una semana;

al final de cuentas mientras hayan 

calorías suficientes

no importa que repita 7 veces la comida,

y aunque puedo permitirme leche orgánica,

huevos de rancho, ensalada fresca

esas cosas no corresponden

ni corresponderán al estómago

que nos llenábamos en aquel tiempo

tú y yo.