La muerte es un muro de nubes.
Nadie sabe qué respira
del otro lado.
Muchos levantaron teorías
como lámparas ciegas,
pero nadie pronuncia
el temblor anterior al último suspiro.
La muerte ya aprendió tu nombre.
Lo guarda
dentro de un pájaro inmóvil.
Por eso, cuando duermes,
vigilo las ventanas:
temo que el alba
te confunda con el cielo.
Sé que no quieres irte.
Si fuera por mí,
ataría nuestros días
a la raíz de las estrellas,
para que la eternidad
nos respirara juntos.
Pero hay una música oscura
que llama desde el fondo,
y hasta el amor
debe escucharla.
A pesar del miedo,
siempre recuerda,
lo que sea que hay detrás de ese muro,
no lo averiguarás solo.