LOURDES TARRATS

REVELACIÓN

 

Ese amor,

de paso lento y horizonte lejano,

iba danzando en las olas

de una cándida inventiva.

 

Creció, desbordándose,

solo para arrancar la flor

que entre el cemento,

frío y agrietado,

se atrevió a florecer.

 

 

Y por eso,

libre de todo reproche,

asumo el rastro...

asumo el rastro

de mi propia,

de mi propia e inocente ilusión.

 

Mi propia ilusión...

se atrevió a florecer.