En ocasiones me da
por hilar el silencio
con las manos
construir ecos que vayan
recorriendo las coyunturas
de los tantos almanaques
que cuelgan de mis paredes
blancas y sucias,
sentado en el banquillo
de siempre
observo mientras bebo
largos trazos de mar
y caminos que borró
la amnesia,
me da pena la tontedad
que almacena
la arena con cada gesto
llenando de reliquias
el cuerpo
y la sintaxis de una lengua
entumida
por el tiempo.