El silencio domina en el caos.
Me envuelve, casi me consuela
mientras las lágrimas
bañan mis mejillas.
Caigo rendido
de rodillas ante el enemigo.
Desespero por misericordia.
El metálico ardor llega,
rompe mis costillas
mientras el carmín corre.
Mancha el suelo de memoria,
me despoja de miedos,
permite no volver
con deshonra.