El tren viene y va. Espera que tú subas.
Por eso estás ahí parado, con aquella emoción latiendo en tu pecho. Estás deseoso por subir; ansioso por viajar a lo inesperado. Sin embargo, te vas y a los pocos días regresas; el tren sigue y sigue. Pero vuelves a desistir.
¿Por qué te haces esperar? ¿Por qué pierdes esta oportunidad? El día de mañana, cuando la emoción haya muerto, volverás a esa vía y encontrarás todo abandonado; el tren no existirá. En ese momento te preguntarás hasta enloquecer por qué no tomaste ese tren. Será difícil superar el querer saber qué hubiera pasado si lo hubieras hecho.