Madre, ¿me preguntas por qué me he escondido?
Y yo te contesto:
tu hija no ha mentido,
solo se ha ocultado.
Ha ocultado cómo se siente,
cómo se ve,
en quién no quiere convertirse.
No he mentido, madre.
Solo me he pasado la vida encontrándome
para no molestar a nadie,
dejando un litro de sangre
en cada sitio pequeño
que intenté llamar hogar.
He conseguido pasar más de diez días conmigo misma.
No te he mentido.
Solo no quería que vieras
a tu hija cansada,
lejana,
estresada,
buscando el camino “correcto” para seguir viviendo,
aun sabiendo
que no existe un camino correcto,
solo la ruta
que decidimos elegir.
Madre, no te he mentido.
Solo no quiero que veas
cómo tu hija
a veces se siente
como un martirio.