JUSTO ALDÚ

EL TIEMPO COMO TIRANO

Eran esos años puros
de rodillas polvorientas,
cuando las tardes hambrientas
trepaban tapias y muros
mientras relojes oscuros
no sabían del abismo;
cada charco era un bautismo
y el barrio un reino encendido;
yo fui un dios recién nacido
bajo un sol de catecismo.


Bajo un sol de catecismo
corríamos las aceras,
robándole primaveras
al bostezo y al cinismo.
La vida era un mecanismo
de trompos, humo y canicas;
las muchachas, tan eléctricas,
nos quebraban la garganta,
mientras la luna en la planta
tendía trampas metálicas.


Tendía trampas metálicas
el tiempo sobre la esquina;
ya la memoria asesina
borraba voces simpáticas.
Las risas, antes acuáticas,
se volvieron sal y ruina;
uno murió en la cantina,
otro vendió su inocencia,
y hasta perdió la conciencia
su bicicleta divina.


Su bicicleta divina
hoy duerme bajo el hollín;
ya no queda aquel violín
que amanecía en la esquina.
El tiempo afila y domina,
corrige toda victoria;
es un ladrón sin historia
que falsifica el pasado,
dejando sólo un quemado
manuscrito en la memoria.

                                                               Aporte de Freddy Kalvo

Manuscrito en la memoria
que nunca se borrará
porque siempre ahí estará
como un libro de tu historia.
Y no es que haya vanagloria
recordar lo ya vivido
y este día yo he leído
el recuerdo del pasado
porque siento que has dejado
tantas huellas con sentido...

 

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