No entendí nada
y nada había que entender.
Es extraño el lenguaje del alma,
la música del piano iba abriendo
las puertas del corazón y la voz
calmaba las agonías del ser.
No escuchaba con los oídos,
en una sinuosidad, la voz se subió
al dorso de la música y penetraba
mi piel hasta alcanzar la profundidad
del ser.
Erase un trio, erase una orgia,
la voz, la música y mi piel.
No distinguía entre la mezzosoprano
o la pianista o mi ser.
En esa envoltura, la fuerza de esa voz,
las notas melodiosas y persuasivas
de ese piano y la hondura de mi ser.
Y una iglesia capuchina, donde incluso,
esa música y esa voz, hasta de los santos
aplausos género.
Dicen que esas manos se llaman Amaia
y es voz Noelia, Dios les dio el talento y a mí,
una piel para que unidas penetraran mi ser.
Gijón, Asturias, 8-05-2026