MatiasEmmanuel

El Juicio de las Tres Sombras II: El Exilio del Alma

El Eco en el Salón Vacío

 

Ya no quedan aplausos que compren tu silencio ni tu calma,

has quedado encerrado en el palacio que tu envidia construyó.

Es el precio de haberle puesto precio a la pureza de tu alma:

el espejo ahora te devuelve un rostro que el tiempo ya desconoció.

 

Caminas por alfombras de seda que huelen a rancio y a olvido,

contando las monedas que brillan, pero que no pueden hablar.

Eres el arquitecto de un mundo que ha nacido ya destruido,

un capitán sin barco que se ahoga en un vaso de agua de mar.

 

 

La Herida que no Cierra

 

¿De qué sirve el grito si no hay nadie que escuche tu lamento?

¿De qué sirve la gloria si la base es el barro de la traición?

Tu nombre es ahora un susurro que se lleva el frío del viento,

una nota desafinada en el centro de nuestra mejor canción.

 

Sentimos lástima, no rabia, al ver cómo te vas consumiendo,

mordiendo el anzuelo de un ego que nunca te va a saciar.

Mientras nosotros volamos, tú sigues despacio cayendo,

aprendiendo que lo que se rompe por dentro no se puede pegar.

 

 

El Destierro del Recuerdo

 

Te condenamos al peor de los castigos: la absoluta indiferencia,

borramos tu huella de los muros donde un día fuiste deidad.

No busques perdón en el cielo, consulta a tu propia conciencia,

que ella sea tu verdugo en esta celda de fría oscuridad.

 

Las tres sombras se marchan, te dejan a solas con tu victoria,

esa corona de espinas que tú mismo elegiste llevar con honor.

Fuiste un gigante de barro, un breve suspiro en nuestra historia,

y hoy solo eres el rastro amargo... de lo que pudo ser valor.