Pájaro del cielo
Un pájaro pequeño me visitó.
Era azul,
o quizá era el color de un sentir diferente.
Me miró.
Reconoció una herida parecida.
Yo también era pequeño.
Callado.
Con un nudo en la garganta hecho de palabras sin salida.
El pájaro no hablaba.
Cantaba.
Y ese canto sólo podía elevarse
cuando alguien no juzga,
cuando existe un lugar
seguro para dejar caer el peso del corazón.
Entonces entendí:
Hay dolores que no salen hablando.
Salen temblando.
Salen cantando.
Abrí las manos
y mis dedos fueron ramas.
El pájaro se acercó más.
Traía un mensaje pequeño
pero inmenso:
que sentir de esta manera
nos vuelve más humanos.
Y cantamos. Juntos.
Él con su voz azul.
Yo con mi nudo roto.
Cantamos para que otros cantaran con nosotros.
— Sergio Alejandro Cortéz, Villa Dolores, Traslasierra, Córdoba, Argentina