Soy un poco loco,
o lo bastante
para que otros aseguren que lo parezco.
Porque mientras me hablan efusivamente
se me escapa una sonrisa,
una risa delatora
de todo aquello que no digo,
como si el caos tuviera un extraño encanto
y mi calma se incendiara por dentro
al ver cómo el mundo se vuelve desastre.
Cargo sentimientos que jamás aprendieron
a pronunciarse en voz alta,
por eso en mis escritos
dejé un mapa escondido,
un sendero hacia ese tesoro
de emociones hundidas,
como reliquias de un naufragio antiguo
que el mar jamás quiso devolver del todo.
Pocos lo aprecian,
y aun quienes lo encuentran
no logran conservarlo permanente,
porque siempre llega una ola
a cubrirlo otra vez con silencio.
Solo resalta
cuando alguien conoce el lugar exacto,
cuando mira más allá de la superficie
y descubre lo que escondo
de aquel saqueador de almas
que roba sentimientos
solo para presumir que los comparte.