Arrullan nuestras vidas embrionarias
murmullos de la amniótica marea,
y obviando las molestias y temores
el vientre se acaricia satisfecha
contando largos días impaciente;
pues quiere conocer al ser alberga
en sus entrañas, dándole la vida,
porque ya lo presiente y ¡con qué fuerza!
Serán para él las nanas maternales,
abrazo musical que le recuerda
que siempre dispondrá de su regazo;
pues las notas que canta o tararea
no son solo habituales pentagramas
de fusas, semifusas y corcheas,
en tonos sostenidos o bemoles
y no quiero olvidar blancas y negras.
Adagios son de amor sin duda alguna
puesto que en ellos pone el alma entera.