El tigre blanco se aposta salvaje
en la trinchera negra
aligerando el sueño…
Sus colmillos me respiran al borde del consciente y del horror de saber de su maldito onirismo cierto.
Su ferocidad entre el humo pretende hacer pasar a la pequeña omisión por olvido dando a la media verdad en su mísero intento.
Lo que es, desgarra lo que niega.
A esos \'iba\' que siempre se le quedan dentro del frutero de la mesa de centro.
Su detalle de conmiseración intercambia mi abstinencia por un pobre consuelo.
Las marcas quedan en su cuerpo, resueltas en tinta muda se apilan todas en orden de aparición para que la sangre fresca descifre sus colores viejos desde adentro.
Invadida de deseo estiro entonces esa evasiva y agrieto mis palmas con sus pretextos.
Espirales entre cremallera y una braga retenida, capaces de torcer lo mismo a la inversa.
Divididas, sostenidas…entrelazadas por consecuentes cuentos de cinismo, de altanería barata o mudos recelos.
Un sí detrás de cada no y medio, el teclado a interpretar tras los tonos de su risa, que me notifica a todo volumen antes del amanecer sin un ×puto× contexto.
El tigre blanco no tiene insomnio.
Fiel a su propósito se aposta desafiante
sobre sábanas, que no son las mías.
Los secretos tienen voz propia.
Muchas veces, así como ésta, aquí conmigo, no les gusta perder el tiempo.
Yamel Murillo
Crónicas noctámbulas©
D.R. 2020