LOURDES TARRATS

LA FATIGA DE LA LUZ

 

¿En qué rincón del viento se refugian
las respuestas a este ruido de estar vivos?
Buscamos la luz en la grieta de la duda,
mientras la vida avanza con los ojos vendados,
acumulando los restos de tanta intemperie.

Se derrama la tristeza por los márgenes del cuerpo,
y en el mapa del mundo se dibujan las guerras
como cicatrices abiertas que no saben de olvido.
Es el hambre de los otros, un grito mudo
que golpea el cristal de nuestra calma.

Aparece entonces la soledad de los ancianos,
aquellos que han quedado sin horizontes,
con la mirada anclada en un ayer que no responde,
pues no tienen a dónde mirar
sino a las horas inmóviles del abandono.

¿A quién habrán de contarle sus naufragios
los desamparados que habitan las aceras?
Sus historias se pierden en el ruido del asfalto,
huérfanas de oídos, despojadas de espera.

Y ante este abismo de ausencias,
a mí solo me queda el oficio de la herida:
contemplar el naufragio desde la orilla,
y dejar que la herida hable por mí.

Porque así, poco a poco,
siento cómo la luz empieza a abandonarme;
extenuada de ser testigo,
vencida por tanta ceguera humana,
por tantos ojos cerrados...
y por no comprender, mi Dios,
tanta ausencia de amor.

Qué extraño es el hombre:
capaz de nombrar el amor,
y aun así
vivir de espaldas a él.

L.T.

5-13-2026