Mirábale yo, a través del cristal, su larga cabellera y su fino cuerpo, los poros de su tersa piel se marcaban en su abdomen, piel de gallina solemos llamarle. La gris y húmeda mañana causaba dicho efecto en su pálida, perfecta y juvenil piel, y ella, así tan perfecta, así tan joven, no lograba darse cuenta, ni del frío, ni de lo impresionante de su propia belleza.