Como germina el frío azul de invierno,
sobre el tintero, cruel testigo eterno
del paso lento de las horas,
un canto errante de zorzal aflora.
Para incendiar su luz en mi recuerdo
de anocheceres largos en que muerdo
ceniza seca y sangre pura,
las ansiedades lóbregas futuras
inundarán el cielo muerto
con poesía triste de lo incierto,
donde la pena pesca
el canto errante que mi pecho ofrezca.