No hay palabras,
solo el silencio
que pesa como un ataúd
sobre lo que ya no tiene remedio.
Mi intención no fue llegar a esto,
Mi inquietud de volarme los sesos,
solo era el desvelo,
sin importar si me muero
o me pierdo
en este vacío que no deja respirar.
Pero aquí estoy,
entre cenizas de promesas rotas,
mirando el techo
como quien busca respuestas
en las grietas del destino.
A veces el silencio grita,
me recuerda todo lo que quise decir
y no pude,
o todo lo que quise evitar
y terminó sucediendo.
Ahora solo me quedan los latidos
y la certeza amarga
de que hay cosas
que ni el llanto,
ni el grito,
ni la huida
pueden remediar.