Andrés DC

Sola, no indefensa...

Había días en los que todo empezaba 

antes de empezar.

 

Bastaba cruzar la puerta para notar 

que el aire ya venía usado, 

cargado de algo que no se decía, 

pero se repetía.

 

No era un lugar especialmente cruel, 

al menos no a simple vista, 

pero tenía esa forma sutil 

de inclinarse siempre

hacia el mismo lado, 

como si el peso estuviera

decidido de antemano.

 

Ella trabajaba en el centro

de ese equilibrio roto.

No era perfecta. 

Nadie lo es.

 

Había tenido sus gestos torcidos, 

sus palabras a destiempo, 

sus silencios escondidos.

 

Se había ganado miradas. Sí. 

Algunas justificadas. Otras, no tanto.

 

Con el tiempo dejó de importar el motivo.

 

Se convirtió en costumbre. 

Y cuando algo se vuelve costumbre, 

deja de discutirse.

 

La llamaban sin nombrarla. 

La señalaban sin señalar. 

Todo acababa, tarde o temprano, en ella.

Como si fuera más fácil

que todo encajara ahí.

 

Pero sostenerlo cada día termina pesando

hasta que deja de ser una opción.

 

Entonces levantó un muro

y eligió quedarse sola, no indefensa.