Estamos escasos de palabras,
y me marchito lento
como una flor cansada en otoño,
dejando caer pétalos de versos
que alguna vez florecieron solos.
Tal vez no falta inspiración,
tal vez olvidé el idioma del alma,
cómo se abrazan las rimas,
cómo un verso encuentra a otro
sin sentirse perdido.
Quizás perdí el tacto
de aquello que no se toca,
de lo invisible,
de lo que una vez vi con el pecho
y hoy mis ojos ciegos ya no alcanzan.
O puede que sea esto:
un náufrago de letras
flotando entre páginas vacías,
esperando que la mente decida
si enviará rescate
o me dejará hundirme
en este mar de palabras rotas.
Porque hay silencios
que no nacen de la ausencia,
sino del exceso de sentimientos
que aún no encuentran comienzo.