Fuimos reloj de sal bajo la bruma,
dos lámparas bebiéndose el rocío;
más cambió tu latido de navío
y el alba fue un puñal sobre la espuma.
Tu voz, antes jardín, hoy es la suma
de un mármol navegando en mi vacío;
ya no tiembla la noche con el río
que en tus manos dejaba mi fortuna.
No habrá final: seremos otro puerto,
un pacto de silencios y de altura,
dos astros aprendiendo la distancia.
Pondremos punto y coma sobre el huerto
donde murió la antigua quemadura,
y hablará el porvenir con su fragancia.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026