Stroker

Decepción

 

Me convertí en un cuarto vacío

donde los sueños acumulan polvo

y las promesas mueren antes de salir de mi boca.

 

Quiero avanzar…

pero mis piernas conocen mejor el retroceso,

como si el miedo fuera una cadena invisible

atada a mis costillas.

 

No sé exactamente qué temo,

y aun así le obedezco.

 

Le obedezco cuando callo.

Cuando dejo pasar oportunidades

como trenes que jamás volverán.

Cuando miro mi reflejo

y solo encuentro decepción

cubriéndome la piel como una sombra cansada.

 

Me odio por cobarde.

 

Esa frase duerme conmigo cada noche,

acostada al lado de mis pensamientos,

mirándome fijo desde la oscuridad

mientras el silencio me destroza lento.

 

Porque pude intentarlo más.

Pude hablar más.

Pude quedarme.

Pude luchar aunque el miedo me partiera el alma.

 

Pero no hice nada.

 

Y ahora cargo este arrepentimiento

como quien arrastra un cuerpo muerto

que todavía respira dentro de sí mismo.

 

Lo peor…

es que alguien que apenas logró conocerme

dejó una marca imposible de borrar.

 

Su rostro sigue vivo en mi memoria

como una canción triste

que se repite sin descanso.

 

Y mientras yo sigo atrapado

recordando cada gesto, cada mirada,

ella probablemente olvidó hasta mi nombre.

 

Qué cruel se siente eso.

 

Ser reemplazable para alguien

que se volvió inolvidable para ti.

 

A veces pienso que no fracaso por falta de fuerza,

sino por falta de valentía.

Porque quiero cambiar mi vida,

quiero levantarme,

quiero ser alguien distinto…

 

pero en el momento de dar el paso

mi mente construye una prisión

y yo mismo cierro la puerta.

 

Qué terrible decepción

la que llevo cargando dentro del pecho.

 

No es solo tristeza.

Es verme a mí mismo

convertido en todo aquello

que juré nunca ser.