Había empezado la lluvia.
Con la lluvia,
ella cerraba las ventanas
y no sabía cómo cerrar la espera.
Mientras, el café se enfriaba.
Y todas las mañanas salía
a barrer las hojas,
como si eso lo trajese
más pronto.
Había cerrado las ventanas
y él,
no llegaba...
no llegaba.
L.G.