La lluvia golpeaba los cristales
como dedos buscando recuerdos…
porque en mi semblante y mi mente
ya habían huido,
y solo quedaban sombras de nombres
flotando entre los silencios.
Rostros que me invitaban
a evocar momentos del antaño,
mientras el tiempo deshojaba lentamente
los jardines de mi memoria.
Y las flores que un día disfruté,
hoy parecen marchitas,
como cartas olvidadas
que aún conservan el perfume de otros días.
Como estrellas tintineantes
que se burlan del amante despechado,
mientras la noche, indiferente,
recoge los pedazos de su esperanza.
Yo me duermo con temor
al pensar que mañana más olvidaré,
y despierto aferrándome
a lo poco que aún pronuncia mi alma.
Donde mi esencia ya descansa
y solo mi presencia lucha,
como un viejo faro que aún resiste
aunque el mar haya borrado sus rutas.
Seguiré andando
y sin rencor a la vida, seguiré amando,
porque aun entre ruinas
el corazón recuerda cómo encender la luz.
Porque aún entre escollos,
mi mente seguirá en la batalla,
aunque el olvido avance,
no podrá arrebatarme la voluntad de sentir.
Y aún si ya no reconociera que vivo,
aún así, seguiré amando.
Andrés Romo
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