La extraño cada segundo,
no hay día en que no la recuerde,
ni instante en que su nombre
no cruce por mi mente.
Se quedó en todo,
en el silencio de mis noches,
en los espacios vacíos
donde antes habitaba su risa.
La busco sin buscarla,
en recuerdos que regresan
sin pedir permiso,
en sueños que se niegan a morir.
Anhelo, aunque sea un instante,
poder abrazarla,
detener el tiempo
y quedarme en su presencia.
Pero solo queda esto:
su ausencia latiendo en mí,
como un eco eterno
que no sabe callar.