Mi niño recorría,
como recorren sanos,
los galgos la alquería.
Mi niño poseía,
como poseen los niños,
amor a la poesía.
Mi niño se movía,
como la mariposa,
que volaba y sonreía.
Mi niño agradecía,
cómo agradecen grandes,
pequeñas alegrías.
Mi niño me quería,
cómo quiere un hijo,
sin duda y sin manía.
Mi niño era mi niño,
y cuando más lo quería,
me quedé sin su cariño.