Mateo mira las olas
como si hablaran con él,
dice que traen farolas
de algún recuerdo de ayer.
Fue marinero sin barco,
y soñador sin destino,
pero en su paso hay un arco
que nunca perdió el camino.
Cuenta que amó en verano
a una mujer de otro puerto,
y que le dio entre sus manos
un corazón medio abierto.
Hoy silba viejas canciones
que nadie sabe de dónde,
y guarda en sus pantalones
la sal de un amor que esconde.
EmilioDr.Mayo 6/2026