Hoy tengo la urgencia de escribirte, de hablarte. Me desperté con la sensación de que desde algún lugar me vas a estar escuchando. Claro, esto es solo una sensación en un vacío de silencio atronador qué nos recuerda que mas allá de este viaje no hay nada. Nos deja perpleja la idea de un final, de una partida eterna, que a fin de cuentas solo le importa a unos pocos por un breve período de tiempo. Pero hoy me levanté dispuesto a entrar en el simulacro de los afectos más allá de la muerte, en los diálogos que se transforman en una especie de monólogo, en donde el recuerdo, la memoria y la nostalgia conversan. Nos miran, y nos invitan a pensar que algo de eterno tiene que existir, que en algun lugar nos espera el reencuentro, el abrazo, y que en ese lugar no existe el olvido.