SOBRE EL CAUCE CRISTALINO
Hay que ver la cantidad de destrucción
que organizamos
a lo largo de una jornada simple,
cotidiana, de un día de entre semana por ejemplo,
de las decenas de moscas que dejamos atrapadas
entre la mosquitera y el cristal de la ventana
y a las que resulta fácil predecir un final trágico,
de las cenas de hormigas que aplastamos
casi sin darnos cuenta de camino por el campo.
Y de las arañas y los tremendos hierbajos
de jardín, todo un buldócer
en continuo movimiento, de un lado a otro,
de un lado a otro, y de las decenas de efluvios
que arrojamos y los cientos de escombros
al cauce cristalino, de todo lo que,
para no comer, matamos.
Gaspar Jover Polo