Aquí no estás,
y me duele.
Esperando me quedé a que otro día más me enseñes, pero nunca viniste, ni para despedirte, ni para avisarme: que deje mi ilusión de lado, que ya no te espere,
y me duele.
Te pierdes todo lo que me construye, todo lo que me crea y me destruye, los pasos que erro y las veces que aún me levanto,
y me duele.
Te miro en mi madre, en mis tíos, te miro en el cielo y en la pesca, te miro pero no me puedes saludar,
y me duele.
Me quedará estar donde tu esencia dejaste, vivir debajo el techo que construiste, verte donde no estas pero estuviste, y aprenderte según lo que ya has enseñado, pero nunca quedo escrito.
Y me duele,
y nunca me dejará de doler, que no pueda decirte que te extraño, a pesar de verte en todos lados.