Ella llegó,
se sentó a mi lado
y dijo
querer llevarse
lo que era suyo.
Se llevaría
todo...
todo,
pero todo
lo que tuviera
algo de ella.
Se llevaría
en su maleta
su ropa,
los libros
y un par de
cigarrillos.
Pero...
¿qué pasó
con mis lágrimas?,
porque caen
al suelo
y no en los
hombros de ella.