Lo mío no es escribir.
Es ella, que al cruzar la acera
se muestra descalza, frágil y huraña,
cargando una luna roja a la espalda.
De nada sirve mi voz, llamarla;
Ella se mira en los cristales
de unos ojos sin pupila.
No es que yo sepa escribir,
es lo que ella, indiferente, despierta.
Camina queriendo quedarse,
trastabillándome el aliento.
La observo desde muy adentro:
sin pasado, presente ni futuro.
Es ella, ciega, muda y tantas veces fulana,
la que toma, sin permiso,
esta pluma extraviada de tantas heridas.
Por ello pido disculpas.
Ferrán Sorel ©
Copyright.
05-05-26