Sabes…
realmente creí
que eras diferente.
Que podía confiar en ti
sin reservas.
Que lo que decías
era honesto,
y que lo que sentías
era real.
Creí que pensábamos igual.
Que estábamos
en el mismo lugar…
y que lo que construíamos
iba hacia algo.
Me equivoqué.
Pensé que habría claridad.
Que si algo cambiaba,
lo dirías.
Que tendrías la madurez
de no dejar
que todo se rompiera
en silencio.
Realmente pensé
que confiabas en mí.
Pero en el fondo,
por alguna razón…
creo que siempre supe
que no iba a durar.
Un lunes
me pediste que te soltara.
Que dejara de buscarte…
y lo hice.
No porque fuera fácil,
sino porque entendí
que no había nada
que sostener.
Yo estaba dispuesto
a quedarme,
a intentar,
a cuidar…
pero no se puede construir
con alguien
que nunca estuvo
realmente ahí.
No te guardo rencor.
Solo acepto
que no eras
lo que pensé.
Y eso…
es suficiente
para seguir adelante.